Aunque la mayoría de sus clientes identifiquen la marca de la corona aúrea con este preciso metal, una de sus mayores aportaciones a la industria es una rara aleación de acero: el Oystersteel. No muchos propietarios de un reloj rolex conocen las peculiaridades de este metal, que para los expertos está a la altura de los materiales empleados en ingeniería aeroespacial.
«Esta aleación de acero inoxidable, una vez pulida, mantendrá su brillo y su belleza en cualquier circunstancia». El acero Oystersteel se presentó al público a mediados de los años ochenta. El modelo Sea-Dweller fue el primero en beneficiarse de sus bondades técnicas, a saber: una resistencia, calidad y brillantez superior a los estándares del momento.
La aleación más exclusiva de Rolex se compone, además de hierro y carbono, de cromo y molibdeno, responsables de su gran robustez. Durante su fabricación, además, se refunde en vacío con el fin de aumentar su pureza. Aunque han transcurrido tres décadas desde su comercialización, continúa siendo una de las aleaciones más raras del sector relojero.
Otras firmas relojeras también han experimentado y triunfado con nuevos materiales. Omega, por ejemplo, dispone de una aleación de oro rosa bautizada como Sedna. De dieciocho quilates, este metal fue concebido para ofrecer un brillo y color atractivos durante más tiempo. Asimismo, la marca propiedad del Grupo Swatch trabaja con el Liquidmetal, una aleación amorfa que aumenta la dureza de sus biseles y otros componentes.
Por su parte, Hublot causó sensación con el lanzamiento de su colección Big Bang, cuya estética futurista se debía en parte al uso del Texalium, a medio camino entre el carbono y el aluminio. La italiana Panerai tampoco quiso quedarse atrás, y por ello su serie Luminor utiliza el exclusivo Carbotech. Se trata de una fibra de carbono resistente a golpes y con una ligereza mayor que la ordinaria.
