Alimentación
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Los pequeños placeres de la vida 

Habréis escuchado tantas veces como yo lo del secreto de la vida está en “disfrutar de los pequeños placeres”. ¿Estáis de acuerdo? Si se repite tantas veces será porque tal vez tenga algo de razón y en esta ocasión quería referirme a esos pequeños placeres alimenticios que nos “endulzan” la vida. Sin entrar en demasiados tecnicismos, existen numerosos estudios que señalan que los efectos que tiene el chocolate en nuestro organismo responden también a elementos químicos. 

El subidón del chocolate se podría comparar al del flechazo romántico: hay algo en el chocolate y en el amor que nos activa de forma singular. Y a mí me encanta estar activado… pese a mis intolerancias. Porque tengo intolerancia a la lactosa y eso hizo durante un tiempo que no pudiera tomar diversos productos que me gustan… como el chocolate con leche. ¡Y no sabéis lo que duele pasarse la vida sin nada de chocolate!

Por suerte, hoy en día las firmas comerciales relacionadas con la alimentación están muy enfocadas hacia las intolerancias y las alergias. Todo el mundo es consciente de que cada vez existen más personas con esos problemas vinculados a la alimentación. Y para las empresas pueden ser campos de gran rentabilidad. Es el caso de la leche sin lactosa y derivados.

¿Cuántas personas sin intolerancia o alergia a la lactosa habrán probado ya derivados lácteos sin lactosa? Resulta curiosa esta afición del ser humano por tomar productos ‘sin’ aunque no sea necesario. De hecho, las firmas comerciales llevan explotando el ‘sin’ con los colorantes y los conservantes desde hace épocas: porque funciona y los productos se venden mejor. Y tal vez el ‘sin lactosa’ y el ‘sin gluten’, estén logrando los mismos efectos.

En mi caso, no estoy tomando leche sin lactosa o chocolate sin lactosa por moda ni mucho menos. Si no tuviese este problema no vería razón para hacerlo, incluso los expertos no lo recomiendan: pero yo necesito mi pequeño placer químico diario. Hasta que llegó el chocolate sin lactosa, mi vida no fue la misma. Pero ahora, en los supermercados ya no me siento como un incomprendido.