Datos insólitos sobre las Islas Atlánticas de Galicia
¿Antiguo refugio de piratas?, ¿tierra de leyendas y seres míticos?, ¿el parque nacional más joven? Las Islas Atlánticas, entre Pontevedra y A Coruña, reciben medio millón de visitantes al año, siendo uno de los destinos estrella de la comunidad. Su turismo tiene una alarga tradición y está marcado por episodios singulares, como el Illas Ficas, barco de la compañía Vapores de Pasaje que operó desde los años sesenta hasta bien entrado el siglo veinte. Un lapsus cometido durante el registro del buque le otorgó esa denominación en vez de «Islas Sicas», como se le bautizó originalmente.
El nombre de las Islas Cíes se deriva de sicas, adaptación del latín siccaes o «áridas», como las apodó el historiador romano Plinio y repite Claudio Ptolomeo en su obra ‘Cosmografía’. Para los primeros griegos que la visitaron, eran las Insulae Deorum o «Islas de los Dioses», tal vez por ubicarse en el punto más alejado del mundo conocido.
Este archipiélago no ha estado deshabitado la mayor parte de su historia por casualidad. Los sucesivos ataques de los piratas forzaron su abandono y convirtieron sus cuevas en refugio y punto de avituallamiento de maleantes de agua salada, como el célebre Francis Drake.
De aquel periodo no quedan tesoros hundidos ni lugares marcados con una equis, aunque sí rarezas ecológicas, como uno de los mayores bosques de laureles del mundo, visitable en Cortegada. Se desarrolló sobre las ruinas de una aldea abandonada.
En las Islas Cíes es posible encontrar numerosas furnas o cuevas marinas, como O Buraco do Inferno. El sonido que el oleaje produce en su interior ha originado no pocas leyendas, como la de Mariña o la Sirena de Lobeira.
Aunque su origen geológico se remonta a la formación de la cordillera Varisca, es un parque relativamente joven, pues no se constituyó hasta comienzos del presente siglo. Por comparar, el primero de nuestros parques nacionales —lagos de Covadonga— es anterior a los años veinte.
