Clínicas
0 Comments

Acné y comidas ¿hay relación?

Durante muchos años, cuando un joven tenía problemas de acné lo primero que se le decía es que tenía que cuidar la dieta y evitar alimentos “fuertes” como el chorizo, las salsas picantes o los chocolates. Pasado el tiempo, se comenzó a decir que todos estos consejos eran mitos y que, realmente, no tenían mucho que ver con el acné ya que este estaba relacionado con los procesos hormonales. 

Pero actualmente, los dermatólogo acné en Vigo han vuelto a poner el punto de mira en la alimentación ya que los últimos estudios parecen apuntar a que la dieta puede ser muy importante no solo para el acné directamente, sino también para esos cambios hormonales que pueden producirlo. 

Los alimentos ultra procesados pueden alterar mucho el organismo y hacer que se desequilibre, apareciendo el acné o empeorando el que ya existe. Pero no es lo único, también los fritos, los alimentos ricos en grasa, los de alto índice glucémico o los lácteos pueden influir en el empeoramiento de este problema. En el caso de los lácteos, el problema es que suelen causar inflamación en el organismo y una dieta antiinflamatoria es muy beneficiosa para evitar el acné.

Pero ¿tengo que quitar algún alimento de mi dieta para siempre? La respuesta es que no es necesario prohibir nada, pero sí llevar una alimentación equilibrada. Una dieta que tenga una buena base, con alimentos naturales, muy pocas harinas refinadas y en la que los alimentos ultra procesados sean algo excepcional, va a ayudar a mejorar la piel.

En el desayuno es importante consumir algunos hidratos de carbono para dar energía para todo el día, pero mejor hacerlo usando avena integral para cocer con la leche o unas rebanadas de pan integral con tomate y dejar las galletas o las tostadas con mantequilla y mermelada para ocasiones especiales. 

Para la comida y la cena, lo más recomendable es el plato Harvard, que consiste en dividir el plato en cuatro partes iguales. Dos de ellas deben de ser verduras, una proteína y otra, hidratos de carbono. Por ejemplo, en un plato la mitad podría ser una ensalada de lechuga y tomate. La ración de proteínas podría ser un trozo de pollo asado en su propio jugo o cocinado a la plancha y los hidratos de carbono podrían ser una rebanada pequeña de pan para acompañar o, tal vez, un poco de puré de patata natural.