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La forma más cómoda de llegar a un paraíso natural

Imagine un lugar donde el tiempo parece ralentizarse, donde la prisa es una reliquia olvidada y cada bocanada de aire trae consigo el aroma salino de una libertad casi utópica. Donde el azul del mar, en sus incontables tonalidades, rivaliza con la inmensidad de un cielo que, de tan límpido, parece pintado. Un santuario natural, sí, pero uno que, sorprendentemente, no requiere de odiseas épicas ni de mapas del tesoro imposibles de descifrar. Olvídese de expediciones con mosquitos gigantes, de caminos intransitables que exigen botas de trekking y un machete, o de vuelos transcontinentales con escalas infernales que ponen a prueba la paciencia de un santo. Hay destinos que, a pesar de su prístina belleza, se presentan con una accesibilidad que roza lo milagroso, y la clave para desvelar uno de ellos, con una comodidad que desquicia a los puristas de la aventura extrema que consideran que el sufrimiento es parte intrínseca de cualquier viaje digno, reside, para muchos, en el simple acto de reservar un billete para el islas cíes ferry.

La travesía en barco no es, en este caso, una mera obligación logística, sino una parte fundamental de la experiencia, un preludio en movimiento a la serenidad que aguarda. Desde el momento en que se sube a bordo, la rutina queda anclada en el puerto de salida, disolviéndose con cada ola que rompe contra el casco. El aire fresco, la brisa marina jugueteando con el cabello, el incesante vaivén del agua bajo los pies: todo contribuye a un estado de ánimo que se anticipa a la desconexión total. No hay que preocuparse por el tráfico, por encontrar aparcamiento en un laberinto urbano o por descifrar la señalización en un idioma desconocido. Simplemente, hay que sentarse, o pasear por la cubierta, y dejar que el horizonte te vaya engullendo, mientras la silueta de la costa se desdibuja y la expectativa de lo que viene se instala como una agradable punzada en el pecho. Es el equivalente náutico de encender el modo avión en la vida real, pero con vistas infinitamente mejores que las que ofrece la ventanilla de cualquier avión, por muy lujoso que sea.

Y lo que viene es, para quien busca paz y una belleza sin artificios, un auténtico regalo. Las arenas, finas como talco y de un blanco deslumbrante, se extienden como lenguas de tierra acariciadas por unas aguas cristalinas que invitan, no solo al chapuzón, sino a una contemplación casi reverencial. Aquí, la naturaleza reina con una autoridad indiscutible, y la mano del hombre, por fortuna, se ha limitado a gestionar, proteger y permitir que el ecosistema siga su curso con la mínima intervención. Es un lugar donde los bosques de pinos y eucaliptos llegan casi hasta la orilla, donde las gaviotas observan con curiosidad a los visitantes y el único «ruido» que perturba el silencio es el romper de las olas y el canto de los pájaros. Una sinfonía natural que sirve de bálsamo para el alma, una cura para el estrés de la vida moderna que, seamos sinceros, todos necesitamos de vez en cuando, aunque no lo admitamos en voz alta.

La magia de llegar a un edén tan prístino con una comodidad casi insultante radica en que permite centrarse en lo verdaderamente importante: la experiencia. No hay que reponerse de un viaje agotador antes de poder disfrutar del paisaje; el viaje es parte del disfrute. Desembarcar en estas costas es como aterrizar en otro planeta, uno donde la prioridad es la calma, la exploración sin prisas y la reconexión con uno mismo y con el entorno. Aquí no hay complejos turísticos gigantescos que desfiguren el horizonte, ni hordas de vendedores ambulantes. Hay senderos para caminar que ofrecen vistas panorámicas impresionantes, calas recónditas donde encontrar la soledad deseada y miradores desde los que observar la inmensidad del Atlántico, a menudo salpicado por pequeñas embarcaciones que parecen juguetes a la deriva. Es un testimonio de que, a veces, los mayores tesoros están guardados en los lugares más inesperados, y que la clave para acceder a ellos no siempre es la dificultad, sino la astucia de elegir el medio adecuado.

Además, la elección de este medio de transporte particular viene con un halo de responsabilidad y conciencia ecológica que, en estos tiempos, no es baladí. Al optar por un transporte regulado y con capacidad limitada, se contribuye implícitamente a la preservación de un espacio tan delicado. No es solo un viaje de placer, sino también un pequeño gesto de respeto hacia un ecosistema que merece ser cuidado y protegido para las generaciones futuras. Y, seamos honestos, ¿quién no preferiría ser parte de la solución en lugar del problema, especialmente cuando la solución es tan agradablemente relajante? Es el tipo de viaje en el que uno se siente bien por partida doble: por la propia experiencia y por saber que se ha hecho de la manera correcta. Una verdadera ganga emocional, si me permiten el atrevimiento.

Así que, mientras otros se embarcan en aventuras que prometen el sudor y la épica como prerrequisitos para la felicidad, hay una opción sensata, elegante y profundamente placentera para aquellos que entienden que el paraíso, a veces, simplemente está a un viaje en barco de distancia, esperando ser descubierto sin mayor esfuerzo que el de disfrutar del trayecto. Es una invitación a dejar que el mar te lleve de la mano hacia la belleza, a soltar amarras de la rutina y a abrazar la quietud de un lugar donde la única exigencia es vivir el momento.

Al final del día, cuando el sol comienza a teñir el horizonte de naranjas y púrpuras, y el barco emprende el camino de vuelta, la sensación que permanece no es de cansancio, sino de una renovación profunda. La mente está clara, el espíritu ligero y el recuerdo de esas playas inmaculadas y esas aguas transparentes se adhiere a la memoria como una promesa de regreso. Es la prueba fehaciente de que la comodidad no está reñida con la autenticidad, y que algunos de los rincones más espectaculares de nuestro mundo están al alcance de una travesía marítima sin complicaciones.

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Caprichos que te harán sentir como los ricos

No hace falta tener el presupuesto de un Cristiano Ronaldo para poder darse algunos caprichos. Él se los dará a lo grande y los tuyos serán un poco más low cost, pero seguro que tú te diviertes mucho más ya que para ti, cualquier experiencia especial será eso, especial.

Por ejemplo, los famosos se pasean durante el verano en sus yates, propios o alquilados, en los cuales hacen fiestas o acuden a fondear en islas maravillosas. Pero tú puedes disfrutar de esa misma sensación en los viajes cíes a los que no irás en yate, pero si en un fantástico ferry y donde podrás pasar el día en uno de los mejores arenales del mundo. Y sin tener que dejarte una millonada, porque tú sabes dónde esta lo bueno.

En cuanto a las fiestas en barco, pues tampoco tienes que renunciar a ellas. No en un yate privado pero si en un barco en el que puedes cenar mientras paseas por la ría o donde puedes degustar unos mejillones mientras ves dónde se recoge cada día. Hay incluso pequeñas fiestas a bordo de barcos para grupos reducidos en los que puedes tener esa sensación de ser famosa durante un par de horas y por un precio low cost.

¿Qué los famosos cuelgan fotos en restaurantes estrella Michelín? Pues tú cuelgas las fotos con tus amigos en ese furancho al que vas todos los años y donde los clientes ya sois casi amigos de veros. La comida no va a ser tan de diseño ni va a llegar en vajillas especiales con decoración exquisita. Pero va a saber tan auténtica y tan rica que no la cambias por nada. Y a falta de estrellas Michelín tienes las del cielo que en las noches despejadas en Galicia brillan más que en ningún lado.

Por la noche, los famosos cuelgan sus fotos en las fiestas más exclusivas en las discotecas de moda. Pero eso no es nada comparado con las verbenas donde tocan orquestas como la Panorama, la París de Noia o el Combo Dominicano. Estas sí que son fiestas de verdad donde todo el mundo baila y lo pasa a lo grande, sin postureo ni tonterías. Y con escapadas al toldo para tomarse una copa de las de toda la vida, con su rodajita de limón si hay suerte o una cervecita “a morro” que es como mejor sabe.

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Campings en espacios naturales, ¿existen por negocio?

Cada vez son más los espacios en los que está prohibido el camping libre. De hecho, resulta muy complicado encontrar espacios en los que poder poner la tienda para pasar la noche. Y si hablamos de espacios protegidos de algún modo, ya es absolutamente impensable poder hacerlo. Los amantes de esta modalidad de camping se quejan de que pese a que ellos no pueden acampar, sí hay campings abiertos en los que puedes pagar por una parcela para tu tienda o por una tienda ya montada. ¿Se trata entonces de una simple cuestión de negocio?

Lo cierto es que no, hay muchas razones para prohibir el camping libre en espacios protegidos. Estos espacios están protegidos por alguna razón y solo controlando las zonas en las que la gente puede quedarse para acampar, es posible asegurarse de que se van a cumplir todas las normas y que el lugar va a mantener sus características especiales intactas.

Pero, ¿y en los lugares que no son espacios protegidos? Pues nos vamos a encontrar un poco con lo mismo. La acampada libre fue muy popular en nuestro país durante mucho tiempo, pero la experiencia no fue buena en la mayoría de los lugares en los que esta forma de pasar el verano se popularizó porque las conductas fueron, en gran parte de los casos incívicas. Los lugares no estaban habilitados para que hubiera gente pernoctando, por lo tanto, carecían de servicios básicos como recogida de basura, duchas o retretes. Y estas necesidades eran cubiertas de forma rudimentaria y, muchas veces, muy poco respetuosa. A esto se unían otros riesgos, como las fogatas para hacer de comer o para juntarse a su alrededor por la noche y que a veces se escapaban del control de los campistas. Un buen ejemplo fueron las Cíes, donde ya en los ochenta se prohibió esta práctica porque se estaba arruinando su ecosistema. Hoy, islas cíes alojamiento está limitado al camping, que es un espacio controlado y seguro.

Otro problema habitual eran los roces de convivencia entre quienes acampaban libremente y quienes vivían en la zona o quienes hacían uso de ese espacio de forma habitual. Un buen ejemplo son las acampadas libres en terrenos públicos cercanos a las playas. Cuando las familias llegaban para pasar el día se encontraban con que gran parte de esos terrenos estaban acotados por los campistas que podían ocuparlos incluso durante días.

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Excursiones exitosas para asociaciones de vecinos

Las asociaciones de vecinos son un importante elemento en el tejido social de la ciudad. Se encargan de que las personas que viven en un mismo barrio tengan un lugar en el que exponer sus quejas y sugerencias sobre el mismo, que pueden ser trasladadas de manera oficial a los ayuntamientos. Pero, además, son un lugar de reunión para los vecinos. En las asociaciones se suele contar con un local social en el que reunirse para jugar a las cartas, charlar y realizar diferentes actividades.

Una de las actividades que suelen tener más éxito entre los socios son las excursiones. Se pueden llevar a cabo de muchos tipos y de muchas maneras. Algunas directivas de asociaciones vecinales son auténticos expertos en el tema. Normalmente, una vez al año se organiza un viaje largo, siempre que haya gente interesada. Puede ser a un destino nacional o incluso internacional. Suele negociarse con una agencia de viajes para que el precio sea más reducido y, si no se cubren las plazas con los socios, puede abrirse a otros vecinos pero por un precio un poco más alto ya que a estos no se les cubren parte de los gastos, lo que sí sucede con los socios.

A mayores, se realizan varias excursiones a lo largo del año que pueden ser de una jornada completa o de media jornada. Una que suele tener mucho éxito es la que lleva a los vecinos a un destino atractivo a una o dos horas de viaje, como por ejemplo a Santiago de Compostela o a Portugal a disfrutar de alguno de sus mercadillos. Estos viajes pueden tener actividades en el lugar de destino o incluir tan solo el desplazamiento. Normalmente, se negocia la comida con algún restaurante para comer todos juntos un menú previamente pactado.

Las excursiones más cortas y cercanas también tienen mucho éxito. Por ejemplo, las que organiza la naviera mardeons con sus paseos por la ría, sus viajes a las Islas Cíes o a Ons o sus degustaciones de mejillones tras visitar las bateas. Todas estas actividades son muy entretenidas y muy baratas, por lo que se pueden organizar con asiduidad para que la gente pueda hacer algo diferente y pasarlo bien en la compañía de sus vecinos. Los paseos en barco siempre tienen éxito porque son muy agradables y no es algo que se haga todos los días.

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Acampar en las Cíes

¿Tienes planes para tus vacaciones de verano? Tal vez querrías ir al Caribe o a algún destino exótico pero no ha podido ser. Te proponemos una alternativa que te hará sentir como si hubieras logrado tus objetivos: una acampada en las Cíes.

Tienes un camping cerca de las islas cies, tan cerca como que está en las mismas islas. Eso sí, tienen una gran demanda y es imprescindible reservar mucho antes para asegurarse la plaza. Pero si lo logras, verás que pasas una noche en el paraíso. Ni siquiera tienes que cargar con tu tienda, porque puedes alquilar una lista para que plantes tu saco de dormir y disfrutes de una noche en una isla mágica.

Los arenales de las Cíes son de ensueño. Las arenas doradas, las aguas azules y transparentes… todo parece sacado de una imagen de una agencia de viajes del Caribe. Si haces una foto de la playa, parecerá un lugar turístico a la altura de los mejores. Solo hay un detalle que te hará saber que no estás en el Caribe y es la temperatura del agua, bastante más fría en el Atlántico gallego.

Las cíes no están habitadas con excepción de un par de casas a las que acuden de manera ocasional. Esto quiere decir que no hay contaminación lumínica. Y, por la noche, podrás ver las estrellas de una manera que, tal vez, no las hayas podido ver antes. Te encantará hacerlo tumbado sobre la arena de la playa o en tu parcela antes de entrar en la tienda. Va a ser una experiencia que no vas a olvidar y que te hará ir a dormir mucho más tarde de lo que esperabas, pero relajado y con una sensación diferente en el cuerpo.

Las rutas de senderismo de las Cíes te ayudarán a desconectar de todo paseando por sus caminos y viendo paisajes maravillosos. Algunas fotos serán similares a las que podrías hacerte en destinos de lo más exótico en lugares del mundo que se han convertido en referencia cuando se piensa en las mejores vacaciones.

Cuando vuelvas, habrás desconectado, estarás más relajado y tendrás unas fotos en tus redes sociales que harán pensar a todo el mundo que has estado en algún sitio lejano y muy caro. En tus manos estará decirles tu secreto o guardártelo para ti, para que al año siguiente puedas repetir y seguir siendo objeto de su envidia.

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Galicia, muchas opciones en un solo viaje

No hay una sola Galicia. Existen Galicias muy diferentes contenidas dentro de esta región. Y lo mejor de todo, es que puedes tenerla todas en un solo viaje. Muchas personas que se desplazan a Galicia eligen las zonas de playa, especialmente las de Rías Baixas o las de la costa de Lugo para disfrutar del verano. Pero también hay otro tipo de turistas que quieren conocer no solo una parte, sino todo lo que Galicia tiene que ofrecer.

Una buena elección para este tipo de viajeros es quedarse en Santiago. La capital gallega está situada en el centro, por lo que es muy fácil viajar desde allí a cualquier punto. La comunicación por carretera con las capitales de provincia y las ciudades más importantes es rápida, todas están a una hora o menos.

Santiago ya es, por sí, una visita interesante y con mucho que aportar. No solo por la visita a su catedral, el casco viejo es un lugar perfecto para visitar, comprar y saborear deliciosos platos en sus restaurantes. Siempre hay mucha gente, pero siempre hay lugar para alguien más y para estar a gusto.

Existe transporte público para ir a las capitales y a las ciudades más importantes, pero también hay la opción de alquilar un coche, que permite realizar rutas por fuera de la autopista, disfrutando de todo el paisaje y parando en pueblos menos conocidos y visitados, pero igualmente interesantes.

En la costa de Lugo merece la pena visitar la playa de las Catedrales, donde el agua y el paso del tiempo han moldeado la roca hasta darle apariencias muy atractivas. Siguiendo la carretera por la costa hacia Coruña se puede realizar la ruta de los faros, con numerosos faros en paisajes que llaman la atención por la bravura del mar en algunas de las zonas y porque no se trata de costa construida, como sucede en muchos lugares turísticos.

Hacia el sur, existen varias respuestas a la pregunta de como ir a las islas cies desde santiago. Tanto si se reserva el camping de las islas como si no, lo mejor es quedarse también una o dos noches en Vigo y así disfrutar de toda esa zona con tranquilidad.

Orense ofrece paisajes muy diferentes. Destaca, sobre todo, la zona entre Lugo y Orense en la que están los cañones del Sil y los menos conocidos del Miño. Hacia la ciudad de Orense, existen diferentes lugares con termas naturales que son una verdadera delicia, sobre todo en invierno.

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La reunión 

Los viejos amigos de la universidad teníamos por costumbre quedar una vez cada año para hacer una cena o una comida. Fue algo que se nos ocurrió después de que la mayoría termináramos la carrera, una forma de no perder el contacto. Y durante los primeros años casi no fallaba nadie, pero, poco a poco, las ‘quedadas’ empezaron a tener menos integrantes. Y llegó la pandemia y se cancelaron. 

Pero este próximo año hemos decidido hacer algo diferente para recuperar el tiempo perdido. Como ya llevamos dos años sin vernos, pensamos en hacer algo diferente a la cena habitual. ¿Por qué no un viaje? Claro que ahora todos tenemos muchos compromisos, algunos somos padres, otros tienen trabajos que les absorben la mayor parte del tiempo, etc. Pero hemos tratado de buscar una fecha con mucho tiempo de antelación para que todo el mundo se pudiera comprometer.

Y el destino serán las islas Cíes. Nos pareció algo original, teniendo en cuenta además que la mayoría ya no estamos para fiestas. Por eso buscamos un lugar tranquilo para pasar un par de días recordando viejas historias. Aunque todavía queda tiempo para el viaje, ya nos hemos puesto manos a la obra organizándolo todo: desde el barco cies mar de ons hasta la autorización para viajar.

Lo de ir a las Cíes se nos ocurrió por la afición que muchos del grupo tenemos a la naturaleza y el senderismo. De hecho, en nuestros años de universidad hicimos bastantes rutas en grupo y era uno de nuestros pasatiempos preferidos. Pero como otra facción del grupo indicó que preferían playa a senderos, buscamos un lugar que tuviera de las dos cosas y que, además, no estuviera masificado por el turismo ni que fuera el típico sitio para salir de fiesta. Y entonces a alguien se le ocurrió la idea: ¿por qué no las Cíes?

Así que ya vamos preparándolo todo, incluyendo el barco cíes mar de ons. Porque en este lugar todos vamos a poder disfrutar, desde las rutas hasta la playa, y en un entorno tranquilo también apto para descansar.

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Qué saber antes de visitar las Islas Cíes

Para todos los que viajan a Vigo o alrededores, la visita a las Islas Cíes es algo obligado. Estas islas están en un entorno protegido que hace que sean absolutamente únicas y paradisíacas. Pero, precisamente por ello, también hay que cumplir con una serie de requisitos para poder acudir.

Conocer las normas islas atlánticas de galicia es fundamental para poder llevar a cabo una visita en condiciones. Y, la primera de las normas, es que es necesario un permiso para visitarlas. Este permiso se solicita a través de una Web que la Xunta de Galicia pone a disposición de todo el mundo. Se indica el día en el que se quiere viajar y, si hay aforo disponible, se autoriza. 

El número de visitantes diarios está bastante limitado para evitar que este espacio se masifique y se acaba dañando. Hay que tener en cuenta que en verano funciona un camping que tiene ya sus reservas propias, por lo que el aforo es bastante limitado y en los meses de más afluencia turística puede ser necesario reservar con meses de antelación para evitar quedarse en tierra.

Con el permiso ya listo, solo queda reservar los billetes del barco para la visita a las islas. Lo más recomendables que, una vez que se acude, se disfrute del día completo allí. Coger el barco por la mañana y acudir a las islas para hacer alguna de las rutas de senderismo antes de comer es siempre una buena idea. 

Hay varias rutas de senderismo señaladas y se pueden conocer a través de Internet para decidir cuál se va a realizar en función de lo que se quiere ver y también de la dificultad o de la longitud de la ruta. 

Tras disfrutar de una comida en las instalaciones del camping o de un bocadillo en la playa, se puede pasar el resto del día al sol o dándose un refrescante baño antes de coger el barco de vuelta a media tarde. 

La playa es absolutamente paradisíaca y el visitante tiene la sensación de estar en un paisaje de alguna playa de película. Las arenas blancas, el mar azul y la sensación de estar lejos de la civilización son absolutamente increíbles. Tanto que muchas de las personas que lo viven no dudan en reservar camping para el año siguiente porque quieren saber lo que se siente al pasar la noche bajo las estrellas. Seguro que la experiencia merecerá la pena.