Alimentación
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Disfrutar del trabajo 

Quejarse del trabajo parece una condición indispensable del trabajador, al menos del asalariado o el autónomo humilde. No tengo mucho contacto con grandes empresarios, pero supongo que ellos también se quejarán. ¿Por qué la gente disfruta tan poco de su trabajo? ¿O es simplemente una pose, una actitud de camaradería? 

Desde luego que no creo que la gente sea tan masoquista para pasarlo tan mal en el trabajo y no dejarlo. Yo me inclino más bien a creer que se trata de una suerte de ‘deporte nacional’: quejarse del árbitro, quejarse del trabajo, quejarse de los políticos… La cuestión es echarles la culpa a otros. Pues yo disfruto de mi trabajo. Por supuesto que hay días mejores y peores, y siempre hay cosas que mejorar, pero a mí me gusta ser transportista.

Disfruto trabajando en mi empresa, uno de los más importantes distribuidores de choco congelados para hosteleria. Me gusta estar en el sector de la alimentación. He trabajado en otros y este es el que más gusta, porque supone un reto mayor ya que estamos hablando de productos muy delicados que exigen a los profesionales mucha pericia. Pero lo más importante que debe disfrutar un transportista es del viaje. Desde luego que si no te gusta estar de aquí para allá, es un trabajo duro.

Cuando yo empecé en esto quise empezar a lo grande, por eso estuve con distribuciones internacionales que me llevaron a diferentes países de Europa. Pero pronto me di cuenta de que esa forma de trabajo sí era demasiado dura, así que busqué una empresa de circuito nacional y ahora yo también soy uno de los distribuidores de choco congelados para hostelería.

Sé que ahora nuestro gremio está en boca de todos. Y es que llegan fechas muy delicadas y para encontrar repercusión a las reivindicaciones es mejor hacerlo así. De cualquier manera, hay que encontrar un punto de encuentro entre la mejora de nuestras condiciones de trabajo y el respeto por las necesidades de los clientes. Por mí parte, yo seguiré disfrutando del trabajo y tratando de quejarme lo menos posible cuando no hay razón para ello.